GÉNESIS DEL NEOCHAVISMO EN COLOMBIA




Por Carlos Cárcamo Vega, equipo Osadía Jurídica


La multiculturalidad propia de los pueblos latinoamericanos, es uno de los principales factores del fracaso de los modelos presidencialistas en países de América Latina. La diversidad propia de los mismos, es sin duda lo más afectado por la exclusión generada de un sistema que en teoría es democrático, pero que en realidad termina excluyendo a aquellas minorías políticas generando por lo tanto grandes divisiones internas, polarización del pais y en algunas ocasiones incluso, guerras civiles.

Este tipo de modelo empezó a ser utilizado por países de Latinoamérica, incluyendo a Colombia, justo después de sus respectivos procesos independentistas a comienzos del siglo XIX, sin llegar a hacer un análisis claro de qué sistema de gobierno le convendría más. En efecto se podría decir que lo que hicieron fue emplear un sistema presidencial AD-HOC, y a medida que fueron pasando las décadas lo fueron acoplando cada uno de acuerdo a sus necesidades sociales y políticas, como consecuencia de esto podría afirmarse fueron las guerras civiles que sufrió Colombia a lo largo de su historia entre ellas la de 1860 a 1862, entre liberales y conservadores por obtener el poder en el país y que posteriormente arrastrarían a los habitantes del campo al conflicto.

Un ejemplo mucho más actual, es el de Venezuela en donde el poder ejecutivo (presidente) tiene groseramente un amplio poder y que además manipula a su antojo sin restricción, tanto al poder legislativo como al poder judicial. Esto genera por lo tanto una gran división no solo política, sino social en la cual una minoría considerada oposición se ve en la necesidad de abandonar su país y otra mayoría que apoya al gobierno de turno al aceptar las migajas que le da el todo poderoso ejecutivo.

Otro punto negativo del sistema presidencial, podría decirse o considerar es el de las trabas generadas entre el ejecutivo y la legislatura. Esto considerando que las diferencias políticas o ideológicas, generarían caos o atraso en la aprobación de proyectos de Ley, que buscan beneficiar a la Nación o al pueblo que eligió a ese presidente, y que por lo tanto buscaría beneficiar los intereses de los partidos que tengan la mayoría.

Para solucionar estos inconvenientes generados por un sistema presidencial mal aplicado y precario en algunos países de Latinoamérica incluyendo el nuestro, lo más óptimo sería aplicar un sistema de gobierno parlamentario, que tenga un poder compartido.

Este sistema parlamentario ofrecería un gabinete como cuerpo colegiado fuerte en la toma de decisiones y que no sería solo un órgano consultivo como en el sistema presidencial, donde el gabinete solo puede dar consultas u opiniones sin derecho a tener una postura fuerte frente al ejecutivo como si fueran unos simples secretarios. Un punto positivo sería la eliminación de la fuerte influencia que tendría la llamada suma cero en la política democrática, el cual genera como siempre una gran ventaja para el ganador de la contienda política y a su vez va generando un distanciamiento con la parte perdedora.

Por otro lado, en un sistema parlamentario los partidos políticos se verían sumamente fortalecidos, contribuyendo al crecimiento de ellos, de sus propuestas, posturas e ideales. Esto llevaría entonces, a que los electores se sientan más vinculados con la vida política, teniendo en cuenta las propuestas de los partidos. Lo anterior entonces desecharía la idea de centrar toda la atención en una figura unipersonal, que podría llegar a causar divisiones dentro de una nación, que como Colombia ya de por si se encuentra dividida desde el punto de vista político, social, económico y en donde los electores que no votaron por esa figura se sienten excluidos por el sistema central, el mismo que luego termina siendo ineficiente en la toma de decisiones en las diferentes regiones del país.


Pero, ¿estará Colombia dispuesta a hacer un cambio tan drástico? Sin duda una de las palabras de moda que impuso una figura pública como lo es el Dr. Álvaro Uribe Vélez “EL NEOCHAVISMO” no puede ser tomada a la ligera, en cierta manera puede tener tintes de razón si observamos que la tendencia de la oposición al gobierno es pedir un cambio extremo en este y en sus políticas de gestión, un ejemplo sensible pero claro es la gran cantidad de gente endilgando culpa al estado incluso por tema reprochables, groseros y asquerosos como los saqueos a camiones accidentados llenos de combustible o saqueos de camiones llenos de pescado, donde la justificación es : “ Ellos roban porque el estado los abandono”. ¿Como es posible que ahora toda acción delictiva tenga justificación? sin duda es una ideología extremista que coquetea con un estado anárquico donde cada quien hace lo que le da la gana, en efecto una semilla del NEOCHAVISMO, sin duda un tema que apenas acaba de empezar y que genera pasiones, esa misma pasión que vuelcan airados sus defensores a tan ilustres documentales académicos llamados “Pasión de Gavilanes” o Series "Cientificas en Netflix como Dark".

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